martes, 30 de abril de 2013

Una pequeña reflexión

El pequeño se acercó al soldado. Lo miró con inocencia en los ojos, con la inocencia que sólo la niñez puede dar. Le tomó el arma y a cambio, le ofreció su oso de peluche. El soldado, endurecido por ver tanta muerte en esa guerra absurda, sintió que su corazón se llenaba de una inmensa tristeza y se partía en dos...ese niño, allí solito, le ofrecía lo más preciado para él, mientras que minutos atrás, él, cumpliendo su deber militar, le había quitado todo...y aún asi, no había rencor en el corazón de ese pequeño ser. La angustia fué reemplazada por una paz infinita y por compasión. Tiró el arma, alzó al niño en sus brazos y se fue con él, caminando hacia la puesta del sol...


Autor. Miscelaneas de la oscuridad

domingo, 28 de abril de 2013

La nueva era…




Un ruido espantoso provino desde el cielo, como si el propio universo se hubiera rasgado. La humanidad entera se paralizó y todos miramos aterrados al cielo. Y así fue que los vimos. Enormes naves se hicieron presentes y abrieron fuego contra nosotros. La sirena comenzó a rugir, con un ruido ensordecedor y escalofriante. Era el fin del mundo hecho realidad. Hubo desesperación y caos por doquier. En todos y cada uno de nosotros el terror se materializó y salimos en busca de un lugar para refugiarnos. Corríamos de un lado a otro, prácticamente sin rumbo. Terminamos en un lugar oscuro y húmedo similar a esos búnkeres de la tercera y cuarta guerra mundial. Cuando entramos corriendo, vimos unos niños que estaban paralizados en la calle. Tomados de la mano, lloraban pidiendo por su mamá. Estaban perdidos y solos. Les gritamos que vinieran con nosotros. Pero nuestro grito quedó ahogado por una bomba que fue arrojada por una de esas naves gigantes. Entonces, una de las mujeres, que luego supimos era maestra, agarró en un acto de desesperación a uno de ellos y como por inercia, los tres cayeron dentro del lugar. Inmediatamente, cerramos la puerta y la aseguramos con lo que teníamos a mano. Una vez adentro se hizo un silencio sepulcral, nos miramos las caras y nos dimos cuenta de que el espanto se había adueñado de nuestra expresión.

Una de las señoras, la primera que logró entrar, repetía como si con una vez no fuera suficiente, “¿Que fue eso? ¿Que fue eso?” Un adolescente aturdido por lo que habíamos presenciado, no dejaba de repetir, sentado en un rincón, “no es humano…no es humano…no es humano”. Pero ninguno de nosotros imaginaba que ese muchacho tenía razón. Eso que nos había disparado sin piedad, no era tecnología humana.

-¿Están bien chicos?


La maestra estaba realmente preocupada por esos niños y además, quería despejar el foco de la conversación. No la creía conveniente para que ellos la escucharan. más allá de su rol en la enseñanza, algo de maternidad frustrada afloraba cada vez que se encontraba enfrente de chicos. Estos tenían la capacidad de despertar en ella millones de sensaciones, y entre ellas, la protección hacia la inocencia. Por otro lado, aún estaba sorprendida por lo cerca que habían estado de morir en esa tremenda explosión y no quería seguir esuchando una y otra vez lo cerca que estuvo de perecer, al menos no por ahora. Sin embargo, los niños no dimensionaban la realidad. Pobres chicos, ella trataba de distraerlos, pero no hubo caso, ambos niños se quedaron allí sentados y agarrados de las manos. La niña le dijo a su hermano:

-Tengo miedo, Iván…

El comentario de la niña nos partió el alma. Quien sabe donde estaría su familia…y la nuestra. Semejante ataque no nos dio tiempo a ninguno de hacer nada. Intentamos ver si había señal en los celulares y nada. Estaban muertos. Nos encontrábamos aislados del mundo. De un mundo que tal vez, de ahora en adelante no sería igual al que conocíamos. 

De repente, el adolescente, salió del trance y dijo

-Amigos, ¿que vamos a hacer? Eso de afuera no es muy amigable y quien sabe si alguien vendrá por nosotros…

-Yo quiero a mi mama- dijo Ahílan, la hermana menor de Juan.

Y una discusión acalorada se generó. Si eso que nos atacaba no era humano, ¿Qué se suponía que debíamos hacer? ¿Que haríamos con los niños? El bombardeo duró casi un día y con el correr de las horas las explosiones se aplacaron. La noche allí, o al menos eso creíamos que era, fue tremenda. Si bien había alimentos para todos, teníamos un nudo en el estómago que no nos permitió comer nada. Tampoco dormir… sin embargo, luego de un tiempo de silencio allá afuera, los adultos retomamos la discusión de lo que se debía hacer de ahora en más.

-Yo creo que debemos esperar al rescate ya que…

Y la maestra no pudo finalizar de decir lo que quería expresar porque vio a Iván, el hermano mayor de Ahílan, que estaba abriendo la puerta del bunker.

-¡No!

Se oyó gritar. La maestra intentó agarrarlos del brazo, pero ya era tarde. Los hermanos salieron con paso rápido a buscar a su mamá. Un rayo de sol y hasta un poco de humo entraron al refugio. Nos quedamos petrificados un instante, sin saber que hacer. El dilema flotó en el aire. ¿Y si salíamos y una de esas naves nos disparaba otra vez? o aún peor, ¿y si alguna de las bombas arrojadas anteriormente tenía algún gas letal? ¿Estábamos realmente dispuestos a morir por unos niños desconocidos luego de sobrevivir a semejante ataque? Un silencio se prolongó, tal vez más de la cuenta. El conflicto moral planteado podía llegar a sacar lo más bajo y negro de una persona. Sin embargo y sin titubear, la maestra tomó coraje y dijo:

-Yo los voy a buscar…esos niños pueden ser los únicos con vida allí y quien sabe con que se encontrarán en el camino.

Y salió detrás de los niños, corriendo.

-Bueno, yo también voy- dijo otra voz y salió detrás de ella.


Y sin quererlo, todos salimos a buscar a los niños. El desastre era tremendo. Las naves flotando en el cielo eran innumerables y había otras tantas caídas en tierra. Podíamos contar a centenares de cuerpos, humanos y no humanos sin vida, que demostraban que la batalla había sido dura. Y lo peor de todo era que, en ese momento, no sabíamos quien había sido el ganador. Aunque presentíamos que la humanidad no había salido muy favorecida. A lo lejos divisamos a los hermanos que parecían no importarles el desastre que encontraban a su paso, o al menos no entenderlo. Los chicos tomaron una calle, mejor dicho, lo que quedaba de ella, ya que la mayoría de las construcciones estaban derrumbadas. Prácticamente no quedaba edificio en pie y a medida que avanzaban y nosotros detrás de ellos, la cosa se ponía peor. La maestra le preguntó al más grande de los hermanos si tenían esperanza de encontrar a su mamá.

-Nunca perdemos las esperanzas- dijo- acá estamos nosotros vivos, ¿porqué no lo estaría ella?


Dura lección y…totalmente real. Esas palabras nos dejaron una sensación de paz que inundó nuestros corazones. Y fue una sensación colectiva que sentó las bases de nuestra actual comunidad. En ese momento no lo sabríamos, pero los sobrevivientes éramos unos pocos cientos…y esos niños serían la piedra fundacional de nuestra actual forma de vivir.

Pero la esperanza y la fe no fue lo único que ellos demostraron tener. Seguimos avanzando por la ciudad y de una de las naves derrumbadas, salió un ente. Nos apuntó a todos con un arma totalmente desconocida por nosotros, en ese entonces. Ahílan lo miró con inocencia, propia de la edad y le tomó la mano suavemente y sin miedo al arma que él sostenía, dijo:

-Ya se han llevado todo y a todos… ¿que mas necesitas demostrar?

Y aunque en ese momento no lo pudimos creer, el ente agachó su enorme e inexpresiva cabeza y bajo el arma. Su color, de un violeta intenso y amenazante, se transformó en un rosa pálido y hermoso, demostrando que su nivel de agresividad ya era nulo. Y se retiró a la nave. Esa niña sin saberlo, no sólo nos salvó, sino que salvó a la humanidad. O lo que quedaba de ella.


Luego de tal demostración, todos nos quedamos boquiabiertos y por supuesto, los seguimos. Continuamos el viaje junto a ellos sin cuestionamientos. Caminamos unas cuadras más, entre la destrucción y la muerte y al final de la calle principal ellos comenzaron a correr y así lo hicimos nosotros, aunque no podíamos divisar hacia que corrían.

En los siguientes metros comenzamos a encontrar soldados humanos sobrevivientes. Ellos estaban dirigiendo a los civiles que llegaban desde distintos lugares, a una especie de refugio a plena luz del día. Un lugar que había sido defendido y preservado. Dicen que ese lugar era la cuna de los elegidos y al parecer tenían razón. El sitio parecía un santuario. Era un prado hermosamente iluminado, con varias casas, aisladas entre si pero con una cantidad innumerable de árboles y animales. Al parecer el último resabio de la naturaleza tal cual la conocíamos. Los niños seguían corriendo, a lo que simulaba ser una casa. Luego supimos que era una nave que nos esperaba para partir, una especie de arca de Noé. Una puerta se abrió y una mujer salió. Los niños gritaban de alegría, allí estaba ella esperándolos. Los abrazó con amor infinito, con el amor de una madre desesperada por no saber de sus hijos. Los tres lloraban, nosotros llorábamos. La mujer nos miró con gratitud incalculable en sus ojos y dijo:

-Pasen, aquí encontrarán lo que están buscando.

Y ese fue el comienzo de la nueva era de la humanidad…





 Autor: Miscelaneas de la oscuridad


jueves, 25 de abril de 2013

Relato de tu despedida


Blanca, como la nieve y dura como las rocas, pero vulnerable como toda mujer...hoy dejaste este mundo. Te fuiste una mañana de abril sin hacer mucho ruido, calladamente como tantas veces hiciste. Callaste. 
Hoy te fuiste pero tu esencia, hace tiempo, renunció a este mundo. Y digo renunció porque el mundo te maltrató tanto, tanto, que no se puede hacer otra cosa más que renunciar. Yo lo hubiera hecho, incluso mucho antes de lo que vos lo hiciste...
Tan chiquita en tu tamaño y tan grande como mujer...Dentro de tu casi metro y medio contenías a una leona, a una tigresa que luchó aun con sus silencios, contra un mundo de hombres injustos. Desde corta edad ya luchaste contra el rechazo y el desamor. Luego, en tus años mozos contra los abusos de quien nunca te hizo justicia y que debió darte el mundo, y más tarde, contra los uniformados del falcon verde...y sobreviviste. Con culpas y tal vez algún arrepentimiento, sobreviviste...y nos diste todo. 
Recuerdo que de chicos competíamos en broma para ver quien pasaba tu estatura. Hoy, mirando hacia atrás me doy cuenta de que la talla de una persona no se mide en centímetros...porque si así fuera, vos hubieras sido la persona más alta del mundo y nosotros apenas llegaríamos a tus talones. 

A mi me quedará tu ideología, el amor por la política y los libros. Tu biblioteca, precaria pero gigante y que tantos problemas te trajo. Esa cuasi librería que era motivo de mis anhelos y suspiros. ¡Cómo me gustaría replicarla aquí en mi casa...y que vos me volvieras a recomendar un libro! O que le leyeras un cuento a mi hijo...
Te fuiste, pero quedate tranquila abuela, que todo lo que nos diste se multiplica en nosotros y en nuestros hijos, tus bisnietos. Tu vida fue y es honrada en nosotros, en cada acción del día a día. 

Abuela, no moriste...¡trascendiste! y hoy además de vivir en mi corazón, sos parte del universo otra vez...





Autor: Soledad Fernandez

martes, 23 de abril de 2013

El portal




 El marido de Teresa la manda a arreglar la mochila del inodoro. Hace días que la cisterna pierde agua y él no la va a arreglar porque considera que Teresa es la que debe hacerlo. La discusión toma vuelo y él se levanta con una mano en alto:
-¡Callate y arreglá de una vez esa cisterna!

Ella, que en cierta forma le tiene miedo, se va refunfuñando por lo bajo.
“¿Que piensa que soy, su mucama? Engreído, ¡como si no supiera porqué terminamos en este agujero de porquería! Esa loca con la que andás ¡nos dejo varados en esta pocilga! Bastardo, te pensás que no se nada… ¡Si! ¡Lo sé todo!" Teresa llora.
"¿Pero esto no lo podías hacer vos? A ver, esta tapa esta pesada, bueno ya salió ¿Qué es lo que pierde? Maldición…me estoy mojando… ¡Pero si es una pavada! ¡Ni que necesitara un especialista! ¿Que es eso?”

Teresa asoma su cabeza y llega al fondo de la cisterna. Hace un esfuerzo y logra entrar. Se hace más chiquita y se acomoda mejor. “¡Hay luz!” Estira la mano para alcanzarla. “¡Música! Que melodía tan bella…que es este lugar? ¿Acaso eso es…una puerta?” Alguien del otro lado le tiende una mano y logra traspasar el portal. “¿Ustedes realmente quieren que me quede acá? No sé… ¡aunque me siento tan bien! ¡Que lugar maravilloso, cálido! Ustedes me tratan tan bien…no como ese marido de porquería…. ¿Que no me preocupe por nada? Bueno, entonces me quedo.”

El marido de Teresa entra al baño y la ve allí, con la cabeza dentro del agua de la mochila del inodoro, sin respirar…cierra la puerta y sin siquiera derramar una lágrima, se va.






Autor: Miscelaneas de la oscuridad

jueves, 18 de abril de 2013

Un largo despertar


Ella abrió los ojos y notó que algo no estaba bien con su ser. Sentía un ardor intenso y profundo en una de sus piernas. Se quitó inmediatamente el cubrecama de encima y alcanzó a ver como la sábana que se encontraba por debajo, estaba manchada de sangre. Intentó sacarla pero la tela se había pegado a la herida por lo que de un tirón la arrancó y gritó con un aullido tremendo. Como observó con desesperación que comenzaba a sangrar intensamente, volvió a colocar la sábana en la herida y salió corriendo al baño para vendarse.
Se sacó la sabana, tomó coraje y miró el tamaño de la herida. Era realmente horrenda. Cruzaba en forma tortuosa todo el muslo derecho. Y al menor movimiento, aun el de la respiración, podía ver el lecho de semejante tajo. “¿Cómo fue que me hice esto?”, se preguntó aterrorizada. Su respiración se aceleró de golpe. Su corazón comenzó a latir alocadamente. Mientras lloraba y gritaba se colocó bajo la ducha intentando lavar lo mas posible semejante corte, pero la sangre corría y corría y ella comenzó a marearse. Tanta sangre perdió que sus ojos se nublaron y aunque intentó despertar, no lo logró. Entonces, su cabeza tocó el suelo y de un alarido se despertó.

Nuevamente estaba en su cama. “Fue un mal sueño” pensó. Se quedó un minuto más recostada para intentar olvidar semejante pesadilla. Pero era difícil. Había sido muy vívida, muy real. De alguna manera se asombró de cómo su mente trabajaba. Lo hablaría más tarde con su terapeuta para tratar de sacar alguna enseñanza de semejante experiencia. Finalmente se levantó y fue a la cocina a servirse una café. Cuando entró, vio como la mitad del piso de cerámico se abría en un abismo negro y sin fin. Nuevamente, un grito de terror salió de su garganta. ¿Qué era eso en su cocina? ¿Cómo era posible que semejante orificio se abriera camino justo en ese preciso lugar? Se frenó en seco para no caer y al mirar hacia la nada oscura, notó como unos pequeños humanoides trepaban rápidamente. Unos ojos penetrantes e inyectados de sangre la miraban, mientras ella intentaba retroceder. en su intento de fugar, tropezó con una silla y cayó al suelo. Se levantó rápidamente y quiso correr a la otra habitación pero ya era tarde. Uno de los humanoides saltó sobre su cuello y comenzó a morderla. Ella gritaba desesperada por auxilio, sin que nadie la escuchara. Mientras se ahogaba en su propia desgracia, grito una vez más y despertó nuevamente.

Volvió a abrir los ojos, desconfiada ya de la realidad. ¿Con qué mundo horroroso se encontraría ahora? Oscuridad. Parpadeó varias veces e intentó acostumbrarse a la penumbra y así lograr ver algo de los que estaba a su alrededor. Pasaron los minutos y comenzó a divisar el lugar. Era un cuarto pequeño, con ladrillos en las paredes, sin cubrir. Olor a humedad, intenso. Sintió unas manos que la tomaron del pecho y la arrojaron al suelo. Su cabeza golpeó contra unos barrotes de metal. ¿Estaba acaso en una celda? De nuevo sintió que la agarraban de la ropa y la arrojaban contra una pared. Ella lloraba. Era agotador no saber con que se iba a encontrar. “¿Qué te hice? Por favor no hice nada malo” gritaba para intentar frenar a su agresor. Una luz se encendió de golpe. El cuarto, ahora iluminado, se encontraba vacío y limpio. “¡Por Dios, me estoy volviendo loca! ¿Qué es todo esto? ¿Es acaso, algún castigo divino?” pensó aterrorizada. La luz se apagó nuevamente y todo se reinició otra vez, una mano que la tomó del pecho y la tiró contra los barrotes y luego contra la pared. “Es un sueño” se repetía una y otra vez, “Es un sueño…tengo que despertar”. Un golpe certero en el rostro la hizo despertar nuevamente.

Abrió los ojos y miró un cielo lleno de estrellas. El ruido del agua acompañaba a la calma reinante. Cerró sus ojos y al abrirlos otra vez vio niebla espesa y sintió cierta dificultad para respirar. Los cerró otra vez y al abrirlos, una vez mas la oscuridad se hizo presente. Pero esta vez, al extender la mano sintió una limitación, un tope y tocó madera. Estaba encerrada en un cofre de madera. Comenzó a golpear para que la escuchasen. Nada. Gritó desesperadamente. Nada. Rasguñó la madera, pateó y golpeó hasta perder todas sus fuerzas. pero era muy tarde, ya nadie la escuchaba. Ya no despertaría más del sueño. Ya no había más aire que respirar…










 Autor: Miscelaneas de la oscuridad

sábado, 13 de abril de 2013

Relato de Norma

Ella estaba frente a la televisión junto a él. Otra vez futbol. Lo miró. Hacía muchos años lo había elegido. Pero... ¿Lo volvería a hacer? Muchos recuerdos vinieron a su mente...primero surgieron algunos amargos, tal vez algunos tristes. Algunas peleas se representaron en su pensamiento, viejas discusiones, muchas sin sentido. Momentos difíciles que pusieron a prueba su realidad. Luego recordó su primer beso, su primer abrazo, su familia. Entendió que habían recorrido un largo y sinuoso camino. Habían pasado tempestades y también momentos de amor y felicidad infinitos. Entonces, su alma se llenó de una ternura indescriptible y su corazón palpitó como la primera vez que lo vió. Se levantó, le acarició el rostro y le dio un tierno beso. El la miró con un interrogante en los ojos, pero cuando sus miradas se cruzaron, él entendió. Entendió que el amor entre ambos era como una frágil rosa, hermoso pero con espinas. Sin embargo, ellos dos sabían como tomarla para no lastimarse. Para no sangrar... Se sentaron mas cerca uno del otro, más juntos, mas unidos y continuaron mirando el programa de televisión.

Autor: Miscelaneas de la oscuridad

jueves, 11 de abril de 2013

Mi peor pecado (precuela de El Pecado)


Confesión:

Me casé a los 16 años. En parte creo que fué “enamorada”, pero lo hice fundamentalmente, para huir de la casa de mi padre. Mamá ya había muerto años atrás y una nueva mujer ocupó su lugar queriendo ser mi madre y sin lograrlo. Tampoco pudo lograr ser su mujer, ya que las necesidades de mi padre tuvieron que ser satisfechas de otra manera… Cada vez que pienso en esos años llega la angustia a mi corazón. Afortunadamente, mi querido hermano Juan era el que me salvaba cuando mi padre se propasaba. Pero hubo momentos en que eso no era suficiente…y luego… ya nadie velaba por mí…
El matrimonio no fue exactamente lo que esperaba. Lo que mi padre hizo, mi esposo lo continuó. Al parecer necesitaba demostrar que yo era de su propiedad, y sus actitudes estaban amparadas por la ley. Cuando llegaba ebrio, no solo me golpeaba, sino que me obligaba a realizar cosas horrendas. Generalmente, luego de las golpizas, las más duras, él salía de “viaje” por unas semanas y la paz llegaba a mi ser.
En esos momentos de paz, comencé a planificar mi libertad. Pero esto no era simple, ya que se podrían abrir sospechas si él partía de forma brusca. Tenía varias alternativas pero muchas involucraban a terceros, lo que hubiera significado la presencia de un testigo. Debía ser algo sutil.
¿Qué fue lo que me hizo llevarlo a la práctica? Una vez quedé embarazada…sólo el recordarlo me provoca un dolor en el corazón que nunca ha cerrado del todo. Una noche volvió más ebrio que nunca y la golpiza fue tremenda, tanto que esa noche se fueron todas las ilusiones de ser madre algún día…
Mientras yacía en mi lecho, tras semanas de hemorragia y dolor, juré que sería la última vez que ese ser pondría un dedo sobre mí. Esto era no solo por mí, sino por mi hijo….por el niño no nacido...
¿Como lo hice? Utilicé una planta de origen brasilero que creció en mi jardín. Destino le dicen. Como su sabor es muy desagradable, tuve que incluirla en los alimentos. Fue duro ver el efecto de tal mezcla. Ese día, terminó su comida y a la media hora observé como el hombre comenzó a palidecer, a llenarse de un sudor frío que lo empapó al instante. Sus ojos desorbitados no sabían a donde mirar, tal vez buscando la ayuda que no iba a encontrar, al menos no en mí. Cuando atinó a levantarse intentó agarrarse de una silla, pero esta cedió ante el propio peso, haciéndolo caer y golpear su cabeza contra la mesa. Mientras esto sucedía, un vómito intenso salió desde sus entrañas eliminando todo lo que había ingerido en el día. Como si esto fuera poco, el cuerpo seguía arqueándose en arcadas y sacudidas violentas, mientras caía al suelo como en cámara lenta, quedando tendido en su propia inmundicia. El golpe sufrido en su cabeza le agregó a la descarga emética, un charco considerable de sangre roja rutilante, creando una extraña mezcla de colores que luchaban entre si por dominar el cuadro.
Mi corazón latía enérgicamente, mi respiración agitada apenas era contenible…el terror tenía gusto de venganza. Ver a ese ser desplomarse y vomitar una y otra vez, aún en el suelo, era duro y desgarrador. Pero también era ver tendido al enemigo.
Me acerqué a su sucio rostro, intentaba ver si respiraba. Una sacudida se hizo presente, lo cual me aterrorizó aun más y me hizo sacar la mano inmediatamente. Lo miré unos segundos e intenté encontrar un pulso, ver un respiro. Lo encontré, entonces proclamé un grito desesperado y llamé al encargado de la casa para que me ayudara. Rápidamente lo llevamos a su cama.
El golpe en la cabeza había sido importante. Una herida profunda, deformada en la frente, aún emanaba sangre. La vendé haciendo compresión para parar la hemorragia. El me miraba sin emitir palabra. ¿Sospecharía de mí? Tal vez, pero nada se podía probar.
Una vez aseado, llamamos al médico y yo me encargue de relatar lo sucedido, ya que además de verdugo era testigo. Como mi esposo no emitiera palabra, se debía esperar y ver si el golpe había sido tan fuerte que hubiera producido una lesión en el cerebro. Pasé la noche en vigilia, aunque a la mañana siguiente la espera había sido en vano. Al parecer, el golpe provocó que se acumulase sangre dentro de su cráneo, la cual no tenía por donde salir y eso eventualmente lo mató…
Murió y sin embargo éste, no fue mi peor pecado…





Autor: Misccelaneas de la oscuridad







lunes, 8 de abril de 2013

Fragmento de "Una vida en paralelo"



El se sentó en la cama. En la misma cama donde había imaginado tantas veces estar con ella, acariciando su piel, sintiéndola respirar cerca de su cara, prometiéndole el cielo y las estrellas. Esa cama donde la soñó como la madre de sus hijos, como la compañera de su vida, como la mujer que lo completaría. Ese lugar donde alguna vez la suplantó por tantas otras sin nombre, queriendo apagar el dolor del rechazo. El dolor de la soledad. Allí mismo, en esa cama, como una ironía del destino, estaba su final. Una calibre 22.
La había adquirido unas semanas atrás viendo como su porvenir se cerraba. En el momento en que la tuvo en sus manos, su pecho se cerró y selló así un final predicho. No quiso hablar con nadie. No quiso dar explicaciones de nada. Solo se la llevo a su casa, como si fuera una prostituta a la cual se oculta por vergüenza al que dirán, y la ocultó en la mesita de luz de su habitación. Esperando al momento necesario para dejarla actuar.
Y ese día había llegado.
Sus lágrimas caían por ambas mejillas. El dolor era muy grande e inmanejable. Su corazón tenía una angustia profunda que no le dejaba ver luz en el camino. Pensó en ella y su corazón se aceleró. ¿Y si le hablara?...No. Se sacó terminantemente el pensamiento de la cabeza. Su obrar ya había sido suficiente como para que fuera llorando igual que un niño, a su regazo. Debía ser hombre y comportarse como tal. Sin embargo, quería ser nuevamente un niño, volver a su infancia cargada de afecto, de sus seres más queridos. Deseó nunca haber crecido, nunca haber salido de su pueblo. Deseó haberse detenido en el tiempo, haberse quedado congelado, jugando incansablemente, trepándose a cuanto árbol encontrase. Pero tuvo que crecer…
Miró el arma, como tratando de amigarse con ella. Como tratando de hacer las pases con la que sellaría su destino. La tomó. No recordaba que fuera tan pesada, pero así le pareció en ese momento. Tal vez lo que pesaba, era el destino reservado para ambos. La levanto hacia su corazón, ese que estaba roto en mil pedazos. Intentó jalar del gatillo una vez, pero sus manos temblaban tanto que no pudo. Se intentó serenar y convencerse  de que eso era lo único que quedaba por hacer y esta vez lo hizo, terminó con su vida. 

(...)

 

Pero para cuando ella llegó era tarde. Al dar vuelta a la esquina vio un patrullero, una ambulancia y varios vecinos merodeando en la puerta del edificio. Se acercó desesperada, pero no la dejaban pasar a través de la barrera hecha por los oficiales de policía. Sin embargo, en un arranque de odio hacia estos, los apartó violentamente y pasó. Corrió los metros que la llevaban a la escalera y las subió aceleradamente. Llegó a la puerta del departamento y vio como sacaban el cuerpo sin vida de él, en una camilla.
Gritó desde lo más profundo del alma, llorando. Le tomó la mano inerte y le dijo:
-Te perdono…por supuesto que te perdono…yo también siempre te amé y te voy a amar…- y le besó la frente.
En ese momento, los oficiales la sacaron y la llevaron afuera. Ella veía como todo se hacía borroso y lejano. Un dolor lacerante se hizo presente en su pecho. No pudo mantenerse más en pie y cayó desvanecida.

-¡Hola amor!- él la mira con esos ojos bondadosos, llenos de ternura. Ella lo mira profundamente y se siente perdida en él. Tiene esa sensación de paz y de entendimiento, ese sentir de que “estoy en lo correcto, esto es lo que tiene que pasar en mi vida. Así tiene que ser”. Un sentir como nunca antes lo había hecho. Lo abraza fuertemente, como temiendo que se le fuera a escapar otra vez. Como si se hubiera ido muchas veces y en cada vez lo encontrara en otra vida, haciéndola despertar de un letargo profundo. Como si esa sensación de vacío y agonía permanente, por un momento se hubiera llenado con solo mirarse y reconocerse en los ojos el otro. Ella le sonríe, pero no emite sonido. El silencio es el compañero perfecto de ambos. Se besan largamente, dulcemente. Se aman una y otra vez y se sienten completos, uno junto al otro, sin necesidad de decir nada. El tiempo parece detenido y extrañamente acelerado a la vez. Como si no existiera en realidad. Una luz tenue e intensa al mismo tiempo, los rodea como en una bruma. La paz es lo que reina entre ellos. Pasan minutos, horas y años en ese mirar mutuo. Se tocan sin tocarse. Se hablan sin palabras. El amor infinito es su vocabulario y sólo ellos dos conocen el idioma.
Sin embargo, ella siente un presentimiento, una fea sensación en el pecho otra vez ¿Qué sucede ahora? Si todo es perfecto, ¿que puede arruinar esta perfección?
Ella siente que la sacuden, y ve como todo se desvanece a su alrededor, como todo se desdibuja. Ve como él empieza a volatilizarse, llevándose esa sonrisa apacible…siente el llanto de un niño pequeño, su hijito. A la distancia, como en una bruma, ve el momento que tuvo a su niño por primera vez en brazos. La primera vez que sintió su olor y se da cuenta de que la angustia es la lucha entre dos universos. Pero ¿cual elegir? Cierra fuerte los ojos y su corazón se acelera, se deja caer y se da cuenta de que ya decidió…



 Autor: Miscelaneas de la oscuridad

sábado, 6 de abril de 2013

Lluvia en la ciudad

Silencio...solo se escucha el caer de las lágrimas, que junto a la lluvia, crean rios de tristeza...en esta ciudad querida de la cual muchas veces no me sentí parte...pero que hoy me desgarra por dentro al verla herida en su humanidad...
Dolor por aquellos que no estan...por aquellos que se han ido...por aquellos que aun no se han encontrado....
Pero fuerza, que la esperanza renace en cada uno de nosotros, en cada uno de aquellos que da al que tiene menos, que ofrece una mano sanadora y solidaria...que ayuda a curar la herida profunda en esta sociedad, que aunque padecerá secuelas imborrables, se levantará como un ave fenix, renaciendo desde sus cenizas...



Autor: Miscelaneas de la oscuridad

miércoles, 3 de abril de 2013

El pecado



"Les contaré que no estaba bien visto que una mujer viviera sola aún siendo viuda. Temían por mi entereza, por mi estado mental…en fin, yo me debía casar nuevamente…en esa época, donde tenía 20 años, extrañé a mi madre…


Entonces, tuve que buscar marido. Afortunadamente, la juventud es un arma poderosa y por ello no escasearon candidatos. Mi padre participó, una vez más en la elección y unos seis meses después ya estaba casada con mi segundo esposo. Un hombre viudo también, que me llevaba unos 30 años, padre de dos hijas. La boda fue modesta y sin mayores revuelos. Luego me mudé a su casa, una pequeña mansión, ya que él estaba acomodado económicamente. Sus hijas, ahora a mi cargo, estaban siendo educadas por una institutriz. Yo debía supervisar su formación, tanto escolar como de sociedad. Disfruté mucho aquel período y mi esposo de ese momento, que viajaba bastante, me brindaba mucha libertad y tenía un muy buen trato para conmigo. Eso debo aceptarlo y enfrentarlo. El hombre me trataba como a una princesa, lo cual dio paz a mi alma atormentada.



Cuando mi esposo llegaba de los viajes de negocios, sus hijas y yo preparábamos una bienvenida con varios arreglos y nos vestíamos para la ocasión. Era una fiesta. Sin embargo, notaba cierto nerviosismo de la más grande de las niñas, que no se explicaba por la emoción de ver a su padre nuevamente. Es más, ella era más feliz cuando su padre no estaba. Quise preguntarle que sucedía, pero no obtuve resultados. Así que decidí observar atentamente que es lo que sucedía luego de que mi esposo llegaba de viaje. Nada. Todo era bastante normal…

Una noche desperté de golpe y miré el lecho que compartía con mi esposo, él no estaba allí. Me levanté y fui a ver si lo encontraba en la biblioteca. Tal vez podía preguntarle a él si la niña tenía algún trauma desde pequeña…Sin embargo, horrorizada observé que el trauma era su propio padre. Al pasar por la habitación de ella, vi a mi marido salir de allí como cuando lo hacía mi padre. Y a lo lejos escuché el sollozo de la niña. Todo se transformo en asco y repulsión hacia este ser despreciable con el que me había casado por segunda vez.

Y allí lo decidí, en ese momento. Así como mi madrastra eligió no hacer nada al respecto cuando mi padre hacía lo que hacía conmigo, yo actuaría en defensa de las únicas hijas que podría tener. Me encomendé a Dios una vez más y le dije que era por un bien mayor. Si bien tenía temor de que me estuviera equivocando, todos los signos estaban allí.

Se fue de viaje. Pensé, decidí. Al volver, preparamos nuevamente el almuerzo para recibirlo. Yo me vestí de un rojo intenso, para que él recordara el momento en el que su destino fue sellado. Coloqué un extracto de veneno en la comida de él, más cantidad que en la de mi anterior esposo. Con que lo dejara postrado, era más que suficiente. El almuerzo fue plácido, ameno y casi silencioso. Una vez finalizado, como siempre, él se retiró a descansar su siesta. Yo lo acompañé.

Intentó besarme apasionadamente. Sus manos quisieron recorrer mi cuerpo, pero mis labios y todo mi ser destilaban desprecio. Cuando lo notó, se asombró. Pero el asombro duró poco ya que comenzó a tener arcadas violentas. Yo retrocedí. Se agarró a uno de los muebles, y un vómito violento salió de su boca. Continuó vomitando una y otra vez hasta que su cuerpo quedó sin fuerzas y en ese momento, lo acosté. Nunca más se levantó de aquel lecho. En cada comida que él recibía en aquella cama, yo le colocaba el extracto y  una hora después comenzaban los vómitos. Esto lo mantenía en cama 24 horas al día. Sus hijas estaban tranquilas. Tenían una vida plena, ahora y eso me confirmaba en mis actos. Yo no quise en ningún momento que muriese. Comenzó a adelgazar, a demacrarse, a perder fuerzas. Una mañana, luego de unos 7 meses de postración, lo encontré tirado en el suelo. Él se había ido. Con Dios o con el Diablo, no podría decirlo. Pero esa mañana estaba muerto. El médico me dijo que una ulcera estomacal previa habría estallado y debido a los numerosos vómitos, seguramente su esófago no había resistido y se habría desgarrado. Entonces, su muerte fue algo casi natural…Al parecer Dios decidió por mi…"


Autor: Miscelaneas de la oscuridad

martes, 2 de abril de 2013

Por que escribir?

Descubri, bastante recientemente, que volcar en letras lo que pasa por mi me mente es, además de liberador, terapeutico. Da paz a mi mente inquieta, despierta la (mi) imaginación y me da satisfaccion leer luego el resultado. Parecerá tonto, pero la verdad es que descibrí un mundo nuevo de mil maravillosas oportunidades y posibilidades...



lunes, 1 de abril de 2013

Mirarte Dormir


Estas descansando tus travesuras diarias.
Ahí reposando, tu carita de ángel da paz a mi corazón.
Tenerte aquí a mi lado, sintiendo tu tranquilo respirar
me llena el alma de felicidad
porque se que disfrutaste tu día
y caíste rendido al país de los sueños.

(...)

Al mirarte dormir, me doy cuenta de cuanto creciste 
de lo que significan estos dos añitos junto a vos,
lo que significa el amor de una madre por su hijo 
un amor que se renueva y fortalece cada día 
un amor incondicional y único que alimenta mi corazón.

Autor: Misclaneas de la oscuridad

Silenciosa e inmaterial.

Dicen que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen. ¿Será verdad?, me pregunto. ¿Será posible que esté aquí mismo, jun...